La UD Taburiente firmó un partido de enorme nivel ante el Real Club de Polo, aunque terminó cayendo por 2-4 en un encuentro muy competido de principio a fin en la División de Honor Masculina. Los amarillos se adelantaron en dos ocasiones y plantaron cara al líder de la categoría, pero pequeños detalles y decisiones en los minutos finales marcaron el desenlace.
El conjunto local comenzó con personalidad y se puso 1-0 en el marcador. Tras el empate visitante, el Taburiente volvió a adelantarse con el 2-1, mostrando solidez y orden en el primer tiempo. “Empezamos ganando, luego nos empataron rápido, pero volvimos a ponernos por delante. El primer tiempo lo hicimos muy bien y jugamos con mucho orden”, explicaron desde el cuerpo técnico.
En el tercer cuarto el partido cambió de ritmo. El Polo elevó la presión y buscó imponer su intensidad. “Ellos salieron a presionar mucho y el partido se volvió más de ida y vuelta, algo que no nos favorecía. Se rompió un poco el orden que traíamos”, señalaron.
Con el 2-2 se llegó al último cuarto, donde el encuentro se decidió por detalles. A falta de cuatro minutos y medio, el Taburiente se quedó con un jugador menos tras una tarjeta amarilla y concedió un penalti que el rival transformó para el 2-3. La inferioridad numérica y la ausencia del tirador habitual de córner condicionaron los instantes finales.
Aun así, el equipo tuvo la oportunidad de empatar. “Tuvimos un penalti a falta de dos minutos y medio, con varias repeticiones seguidas. La fortuna no estuvo de nuestro lado, incluso hubo un desvío al larguero que casi nos da el empate”, lamentaron.
El cuarto tanto visitante llegó en los últimos instantes, cerrando un marcador que dejó sensaciones encontradas. “El esfuerzo de los chicos fue enorme. Le jugamos de igual a igual al líder. Sinceramente creo que no fue un resultado justo, pero no podemos perder el foco. Partido a partido estamos mejorando y cada vez estamos más cerca de volver a puntuar”, concluyeron.
El Taburiente afrontará ahora dos jornadas consecutivas fuera de casa antes del parón de Semana Santa, con la convicción de que el trabajo realizado terminará dando sus frutos.
